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En El
país del viento es latente el entusiasmo ante lo inédito,
lo insólito por nuevo, en simultaneidad con la angustia
frente a lo desconocido. El verbo se encarna; del caos o de la
eternidad brotan una a una las palabras, cada cual con un peso
particular, hasta cristalizar en imágenes. El lector percibe
la tierra, el agua, la textura de los montes, la complejidad del
firmamento, pero al finalizar el poema se desmaterializa para
dejarnos un estado de espíritu, una sensación o
un recuerdo. Según Gaston Bachelard, "el torbellino
cosmogónico, la tempestad creadora, el viento de cólera
y de creación, no son captados en su acción geométrica
sino como donadores de poder". De ese poder proviene El país
del viento; el viento gira y troca lo uno en lo otro, la informe
nieve infinita deviene punta de flecha, corazón de pájaro,
el rostro de las cosas. El girar del viento muestra el espectro
de los objetos que toca y las diversas caras de cada elemento.
Silvia
Eugenia Castillero
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