 |
|
 |
|
(2003)
13.5 x 20.5 cm
Español
|
|
 |
| El mito de Ícaro enmascara en parte ese exilio de nosotros mismos para con el vuelo y con el cielo, al imaginar el primer hombre-pájaro. Hombre-pájaro, y no solamente hombre que vuela. Pero no es al aviador, pues, a quien se dirige este libro; tampoco al constructor de aeroplanos. Es al lector que escudriña el horizonre con la poesía a quien José Luis Rivas se dirige en este libro. |
|
|
 |
Avanzo sigiloso
y del balcón los pájaros se elevan
La enredadera de flores nacaradas y cerosas
persiste: estampa frágil
de un volumen abierto por el medio
No sopla el viento y los escasos rayos de sol
consienten en ser
oblicuos y acebrados
(se adhieren a mis pasos
cual telaraña ingrávida
de la que me deshago sin esfuerzo)
Hasta aquí la mar llega
olorosa a percebes empotrados
en la roca
a piñas secas de conífera
que el salitre marchita contra el acantilado
Hasta aquí llega el cielo
La veo allá
aquí y más allá
adonde llevo los ojos
tangible Helena
(El deseo restalla
como un tirante de sostén al romperse.
Eléctrica y húmeda
corta el viento vibrante
Seda muy tibia de su fondo,
dale a mis manos pan
fuego a mi aliento
y veré de camino al aire en reverbero)
Al mediodía
cuando un licor de palmas
embriaga llameante
y el mástil del vertical delirio se apareja
hay gaviotas que roban
(en ti fragata fragante
en ti cruda y salobre
loca de inmensidad vibrátil)
|
|
 |